8 may. 2006

El fin de la Segunda Guerra Mundial

8 de mayo de 1945

Por Jack Fuchs, pedagogo y escritor. Sobreviviente de Auschwitz.

La Segunda Guerra Mundial se cobró 60 millones de vidas. Donitz, sucesor de Hitler, se encarga de anunciar a su pueblo: “el 8 de mayo a las 23.00 callan las armas”. Los alemanes que, en su gran mayoría, hasta días antes de la capitulación incondicional habían seguido con ferviente fanatismo al partido nacional-socialista parecen sentir que se trata de una derrota y no de una liberación del dominio de la violencia y de un sistema caracterizado por el desprecio de la vida humana.

Las monstruosidades que tuvieron lugar durante los macabros seis años que duró la guerra fueron descubiertas finalmente y el horror pudo ser documentado: películas, fotografías, testimonios de víctimas sobrevivientes constituyen invalorables elementos que reflejan lo que realmente fue esa etapa en la historia de la humanidad. Durante los años posteriores a la derrota del nazismo, el debate histórico y político fue intenso dentro y fuera de Alemania. Sin embargo, desde entonces, me sigo preguntando –sin encontrar respuesta–: ¿cómo fue posible que la población alemana estuviera preparada para tanto sacrificio? ¿Qué ocurrió con la población local para que entrara en semejante delirio y se entregara a matar y morir de una manera tan horrorosa? Una vez más intento entender cómo los alemanes no sintieron alivio una vez que no tuvieron que seguir viendo morir a sus hijos en el frente. ¿Qué razones hicieron que el final de la guerra no fuera considerada por ellos una liberación? En Internet es muy sencillo encontrar “aproximaciones a la psicología de Adolf Hitler” y otros centenares de documentos similares, que intentan entender la personalidad del siniestro líder del nacionalsocialismo alemán. Pero, ¿qué hay de la población que lo acompañó? Desde los hombres disciplinados, los profesionales, los intelectuales hasta los abnegados padres de familia, ¿qué los llevó a apoyar tanta destrucción?

8 de mayo de 1945: “La guerre est gagnée. Voici la victoire”. “La guerra está ganada, la victoria está aquí”, anuncia Charles de Gaulle, luego de la firma del documento de capitulación. “Faschistskaja Germanija, postavlennaja na kolenii krasnoj armiej i vojskami nascich sojuznikov, priznala sebja pobezdennoj i objavila bezogovorocnuju kapituljaciju”: “La Alemania fascista, derrotada por el Ejército Rojo y las fuerzas de nuestros aliados, se ha dado por vencida y ha accedido a la capitulación incondicional”, dice Stalin. “In all our long history we have never seen a greater day than this”: “En nuestra larga historia no ha habido nunca un día más magnífico que éste”, pronuncia Winston Churchill. “The flags of Freedom fly all over Europe”: “Las banderas de la libertad ondean en toda Europa”, proclama Harry Truman.

La guerra no transcurre ni termina de la misma manera para todos. Pasaron 61 años de la derrota del nazismo. El 8 de mayo de 1945 llegaba a su fin el horror. Recuerdo esa sensación, al bajar del tren en el que nos transportaban para asegurarse de que no quedaran testigos vivos, cuando la aviación aliada bombardeó la locomotora. Me sentía entre los muertos, a pesar de estar vivo. En medio de la confusión, caminé por la campiña bávara y caí rendido en una granja. Durante días una familia alemana me dio de comer y me llevó al hospital que los aliados habían instalado en un monasterio. Así pasé los primeros días y meses del fin de la guerra. Había perdido a todos los míos en Auschwitz. Estaba vivo, a pesar de haber sido sentenciado a morir como otros millones de personas.

El fin de la guerra significó para mí, como sobreviviente, el comienzo de un duelo que me acompaña hasta hoy. También significó iniciar un camino para intentar comprender la siniestra dimensión de los crímenes que ocurrieron, la naturaleza de esa pesadilla y lo oscuro y estremecedor que resulta el fantasma de la guerra del hombre contra sí mismo, más allá de las infinitas justificaciones que utilicen los seres humanos para convencerse de sus motivaciones. Es esa la guerra que está detrás de todas las demás.

Página/12, Buenos Aires, 08/05/06